Domingo, la línea cinco del Metro de Madrid se encuentra atestada de personas, no cabe un alma en los vagones. Extranjeros, de todas partes del mundo, y españoles chocan sus cuerpos mientras la máquina corre por los rieles. De pronto el chofer detiene el tren en la estación La Latina y la gente se aglomera en  las puertas de salida, todos van a El Rastro.

El mercadillo que se desarrolla en el barrio Embajadores, a lo largo y ancho de la calle Ribera de Curtidores y otras aledañas, es una cita obligada para adquirir los artículos más variopintos. Desde antigüedades, libros, estampillas, bisuterías, bolsos, zapatos, hasta ropa, tanto nueva como usada.

Un particular olor a cuero aún se percibe en las calles. En decenas de puestos familias españolas y marroquíes ofertan bolsos, cinturones y otros artículos fabricados con la piel de los animales, curtida. Quizás ese fuerte olor acre sea el único protagonista sobreviviente de los inicios de historia de El Rastro, que nació a finales del siglo XVIII en torno al “Matadero de la Villa”, y que se nombró de esa forma por el rastro de sangre que dejaban las vacas cuando eran trasladadas desde el matadero a las curtidurías.

Otros datos remontan los comienzos del mercadillo a los siglos XV, XVI y XVII cuando ropavejeros, mataderos y tenerías con los curtidores de pieles se asentaron en Embajadores, barrio de las afueras de la Villa de Madrid, y fomentaron un comercio activo sin el consentimiento de las autoridades.

Carlos Osorio indica en su libro Lavapiés y El Rastro que según constancia documental en 1751 ya existía el mercadillo dominical de ropa y objetos usados que había adoptado el nombre de El Rastro. Para esa fecha empezaron a instalarse, en la Plazuela del Rastro y la Ribera de Curtidores,  vendedores de productos comestibles, enseres y trastos de todo tipo, herramientas, quincalla e incluso objetos robados.

El portal El Rastro de Madrid explica que en el siglo XIX, llegaron los chamarileros, las almonedas, los anticuarios, las tiendas de compra y venta de muebles, objetos de valor, prendas y alhajas, los comercios de libros antiguos, los bazares y las galerías.

“Poco a poco, El Rastro se separó del matadero y adquirió un aspecto diferente al de sus orígenes. Durante la semana, el matadero siguió activo, rodeado de todo tipo de venta. El domingo por la mañana, los puestos desmontables se instalaron cada vez más numerosos, lo que atrajo a muchos madrileños y viajeros”, señala la publicación.

El Rastro no es solo venta de antigüedades, también es un espacio de expresión artística donde muchos acuden a mostrar sus habilidades.

El Rastro en peligro

No todo ha sido color de rosa para los hombres y mujeres que sostienen sus familias de las ventas en El Rastro, explica Lucio Gonzalo Santos, presidente de la Asociación Cultural El Rastro Punto Es. Por ejemplo, en 1854, 1885 y 1933, se trató de trasladarlo de lugar.

Señaló que en el Ayuntamiento ha intentado privatizar El Rastro, en varias ocasiones. En el 2004 se propuso su traslado parcial a una zona industrial próxima a Mercamadrid. En 2011 trataron de homogenizar los puestos de venta. En ese momento se tardó en entregarle sus licencias para poder operar en el mercadillo más grande de Madrid, pero tras la recolecta de firmas lograron que se tronchara ese propósito.

Durante la campaña por la Alcaldía de Madrid el candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Antonio Carmona,  presentó un proyecto para considerarlo un Bien de Interés Cultural (BIC), pero la Asociación de Vendedores de El Rastro ha  desarrollado a través de Facebook la campaña “Salvemos El Rastro”  para hacer oposición a esa medida.

Aporte a la economía

El impuesto que deben pagar los vendedores por un puesto de dos metros cuadrados es de 240 euros anuales, indica Gonzalo Santos, quien es oriundo de Argentina. “De tres metros cuadrados en adelante el costo aumenta a 550 euros. Esto se traduce a que los vendedores aportan un estimado de 300 mil euros anuales a las arcas nacionales”.

 Regulación

En octubre del año 2000 la Ordenanza Reguladora de la Venta en el Rastro de Madrid  del Ayuntamiento estableció bases legales al comercio que se desarrolla los domingos y días feriados en Embajadores.

Se prohibió la comercialización de productos de alimentación destinados al consumo humano, la de aquellos otros que por sus especiales características, y a juicio de las autoridades competentes, conlleven riesgo sanitario, ni la venta de animales, excepto en aquellos establecimientos declarados núcleos zoológicos, conforme a la legislación de protección de animales de la Comunidad de Madrid.

Planos antiguos de El Rastro de Madrid

 

 

CYNTHIA MARLENE ABREU GARCIA

about Cynthia Abreu

Magíster en Periodismo Digital de la Universidad Antonio de Nebrija y licenciada en Comunicación Social (mención periodismo) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Ejerce su profesión desde hace cinco años en el Periódico HOY de República Dominicana

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